PRIMERA EDICIÓN DEL LLANTO
ALEJANDRO
MATAMOROS.
PRIMERA EDICIÓN DEL LLANTO
Corrijo "El Llanto", y descubro, que al releerlo, la trama ha perdido vigencia; sus líneas no acogen las palabras sino que padecen mis carencias. Tropiezo con exclamaciones atolondradas, con suspiros hinchados que parecen rogar por un aplauso.
Tacho sin mesura, recorto hipérboles y elimino anáforas que resuenan como callejón de galería. Me lleno de valor y percibo como el texto pierde sus delirios de grandeza para adquirir un matiz intimo.
Supongo que hay algo de vanidad en querer ajustar la prosa del propio padecimiento, -no lo niego-, matizar lágrimas y reescribir súplicas tal vez solo sea una forma de redimir el tiempo gastado en párrafos ingenuos y cacofónicos. La verdad es que no soporto dejar “El Llanto", inmerso en aquel desbordamiento primario. Ideas tan superfluas como:
“Me pigmentó con su magia los fragmentos del alma y luego se marchó a llenar con su color otro corazón.”, (Párrafo 1): Carente de credibilidad, cliché romántico. Eliminar.
Notas: *No es una magia primaria o virginal, su tono ya venía de manosear otros cuerpos (desarrollar idea).
*Cambiar sustantivos o verbos por palabras poco usuales no implica que la oración sea interesante.
“El caso es que hace algunos meses que en mi cabeza revolotean como mariposas una bandada de palabras”, (Párrafo 2): Recordar que toda mariposa primero fue un gusano.
“Compréndanme como una persona en duelo”, (última línea del párrafo 1): Melodramático, innecesario.
Todo resulta excesivamente estrafalario, una aglomeración de palabras oxidadas: suena ridículo de solo leerlo. Ahora entiendo por qué algunos escritores evitan releer sus propios textos: puede resultar desgarrador.
“¿Cómo algo que acaba de tal manera puede generar en mis adentros un escándalo semejante?”, (última línea del párrafo 4), cambiar por: fue un final predecible con un escándalo inmerecido. (escuchar “cuarteles de invierno” y estudiar el manejo del dolor).
Entre las líneas 5 y 12 aparece una enumeración discontinua: “Mostaza, cortinas, serenata…,debate, carácter, árboles, noche.. seda, celeste.. Rosario”.
Nota: se fragmenta el recuerdo buscando potenciarlo pero no se logra, además, se vuelve a caer en un cliché romántico (los colores otoñales y la melancolía son llevadas hasta el hartazgo, no son el único escenario para que habite el amor). Eliminar.
Resulta casi grotesco releer este texto, a decir verdad, no comprendo cómo edifiqué este monumento de escombros. No veo en él, más que el eco de mi torpeza, un inventario de elecciones sin carácter.
Ese tono confesional no se sostiene por sí mismo, ese “Yo poético” que deriva entre la negación y el verso ha sido corroído por la melancolía; está desbordado en imaginarios patéticos que le restan verosimilitud. El conflicto se diluyó, ninguno de los personajes se sostiene: son totalmente prescindibles.
Me rindo, aquí no hay nada. Solo ha quedado un título que no contiene ni un sollozo, es inútil corregir tantas ideas cuando ya no tengo en mí, la fuerza pusilánime que me llevó a ignorar todos los filtros al escribir "El Llanto".


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